Mirta Roses es elegida “embajadora” para el Covid-19

La miembro alterna de la Junta del Fondo Mundial fue nombrada por el Director General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, como uno de los seis “embajadores” de ese organismo internacional para el Covid-19.

Reproducimos aquí la nota publicada por Perfil, el 8 de marzo de 2020

Como directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la médica argentina Mirta Roses estuvo al frente de las decisiones para contener la pandemia de gripe A (H1N1); hoy, 11 años después, fue elegida por el Director General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, como uno de los seis “embajadores” de ese organismo internacional para el Covid-19, la enfermedad causada por la nueva cepa de coronavirus que surgió en China a fines de 2019, y ya infectó a  más de 100 mil personas (80 mil solo en China) en 89 países y causó más de 3.400 muertes.

A punto de despedirse de las sierras de su Córdoba natal, adonde se instaló durante el verano, Roses accedió a hablar en exclusiva con PERFIL a través de Skype sobre la situación del virus que esta semana aterrizó en la Argentina.

—¿Qué implica para el país que se hayan confirmado los primeros casos de Covid-19? 

—Estos casos son un indicador de que el sistema fue capaz de detectarlos, confirmarlos y aislarlos. Cada caso sospechoso y, aún más, cada caso confirmado, es una prueba de fuego de la capacidad de acción. Basta ver lo que pasó en Seattle, EE.UU., que tiene el brote más severo del nuevo virus en ese país y las autoridades tuvieron que admitir que estuvo circulando al menos dos semanas antes de detectarlo. Son casos importados; gente que adquirió el virus fuera del país. El panorama cambia cuando se establece transmisión local.

—¿Qué balance hace de lo ocurrido hasta ahora con el coronavirus?  —A partir de las lecciones aprendidas del AH1N1 (2009) se hicieron modificaciones al Reglamento Sanitario Internacional, el instrumento más importante en el manejo de emergencias para la salud pública global. Y en las Américas se desarrolló un ejercicio de evaluación de las capacidades de preparación y respuesta, país por país. Eso coloca a la región en una situación bastante avanzada. Pero hay un desfase entre lo que van actuando las autoridades y los servicios de salud y el panorama que reflejan los medios, a veces en tonos alarmistas, y la información que circula libre y velozmente en redes sociales, que genera mucha confusión en la población.

—¿En qué sentido?

—En las redes sociales las conversaciones giran en torno a que las autoridades no están actuando como corresponde. La gente se queja de que en el aeropuerto no hicieron nada, pero sin embargo el primer afectado recibió las instrucciones, llegó a su casa, sintió los síntomas e hizo lo que decía en el papelito que le habían hecho firmar. Tanto el paciente como la clínica y el laboratorio actuaron como debían actuar, en tiempo y forma; incluso la aerolínea brindó las planillas de los otros pasajeros, que fueron contactados y advertidos. Sin embargo, sigue esa sensación de “no están haciendo nada”.

—¿Y a qué puede deberse?

—Creo que es algo que tiene que ver con las ciencias del comportamiento y de las comunicaciones. Es como que la capacidad de escuchar e internalizar está muy baja frente al bombardeo de nuevas noticias. No hay un proceso educativo, transformativo de lo que uno lee o escucha. Existe una especie de saturación por este sistema rápido que no es el de la lectura y la reflexión. La gente suele creer cosas escandalosas que son falsas, pero no a lo que dicen las autoridades. Estamos en un mundo que desconfía un poco de los poderes establecidos. Siempre hay algo de cierto en el paquete de la duda, pero en la actualidad está todo muy retorcido…

—¿Cuáles son las características del nuevo coronavirus?  

—Parecería –los estudios todavía se están realizando– que no es tan agresivo. Causa fiebre alta, no produce mocos y tiende a irse a la base de los pulmones y afectar a los bronquios, por eso da tos seca y genera dificultad para respirar. También puede molestar al tragar. Y sería menos eficiente que la influenza para diseminarse: tiene poca dispersión con la tos o un estornudo y no queda suspendido en el aire, sino que cae y se deposita en la superficie, donde duraría poco. Pero la película se desarrolla delante de nuestros ojos y no sabemos cuál es la próxima escena.

—¿Y en cuanto a la letalidad?  

—Por lo que estamos viendo, el ser humano es capaz de defenderse bastante del virus, a menos que tenga alguna reducción de su sistema inmunológico. Alrededor del 60% de los casos no requiere internación; un 20% o 25% debe ser hospitalizado; y del 5% al 8% es grave. Las personas en este último grupo tienen más de 80 años y alguna debilidad debido a la diabetes, tratamientos con quimioterapia, afecciones cardíacas o pulmonares. En ellos la mortalidad sería del 4%, pero ya hay estudios que dan menos; aún es difícil saber con precisión cuántos de los que enferman mueren.

—¿Por qué no hay niños afectados?  

—Hay varias suposiciones: por un lado, los menores de un año tienen un gran sistema inmunológico y parecería que en ellos este virus pasa sin dejar daños; no logra instalarse. Por otro, los niños tienen muchas barreras de defensas en las vías respiratorias superiores: los mocos tan característicos de los chicos sirven para frenar al virus en la “puerta de entrada” al organismo, y entonces no llega a la base del pulmón. Además, están menos expuestos a los contaminantes del ambiente. A medida que una persona ha vivido 70 u 80 años, su sistema de defensa alto está más debilitado.

—Eso explicaría también que los más afectados sean los ancianos…  —Exacto. Y en ese sentido tenemos que proteger mucho a los geriátricos. Argentina tiene una población de adultos mayores importante; habría que reducir las visitas, en particular, la de aquellos familiares y amigos que viajaron a zonas de circulación o están en contacto con viajeros a esos países. Es fundamental la restricción individual. Las personas son las responsables primarias para evitar la propagación del virus.

Cerrar fronteras, una medida ‘xenofóbica’

“Con enfermedades que tienen un período de incubación –y en este caso es de unos 14 días– el cierre de fronteras no funciona. Es una decisión xenofóbica e inefectiva. Lo que hay que tener es una buena coordinación y actuar como se hizo en la Argentina. Hay un protocolo sobre qué debe hacer la tripulación de un avión y los empleados. Eso y los carteles pegados en el aeropuerto son medidas educativas, de toma de conciencia, para que la gente sepa qué conducta tomar ante la aparición de síntomas. El Reglamento Sanitario Internacional dice que las medidas frente a la emergencia sanitaria deben servir para la protección de la población, con el mínimo impacto posible a la vida social y a la economía. Creo que el pánico generado puede provocar más daño a las personas a través del impacto en la vida social y la economía que el efecto directo del virus”, sostuvo Mirta Roses. En cuanto al uso del barbijo sostuvo: “Nuestra recomendación es que la gente que está sana no los compre porque son importantes para el personal de salud y las personas infectadas. Lamentablemente se agotaron y esto genera un desorden con proveedores; la OMS tuvo que invertir dinero para ver cómo resolver este faltante”.

(Fuente www.perfil.com).

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